Nada

Nada, aún cuando intento cada vez que nos amamos remover todas las células de mi cuerpo. Fundirlas en su piel hasta formar de nuevo ese ser, ese con el que soñé despierta tantas noches; tantas, que no soy capaz de contarlas.
Sé precisamente que mi ternura no tiene lugar ni espacio en su vida, que ha desaparecido el sitio que antes ocupó. Quizá porque la vida ha sido dura, o porque bajo su cuerpo busca tan solo mi carne sin importar lo que contiene.
Si, a tí te lo puedo decir… porque aún tienes un alma que sabe amar y odiar, que sabe perdornar cuando es necesario, que sabe buscar un resquicio de luz en los días de oscuridad para alumbrar lo poco que queda en mi camino y dejar de caminar a tientas lo que debió ser: un momento de luz sin sombras.
Se, precisamente cuanto mide mi ternura bajo su peso; nada.