Buscando en los rincones

Analepsis
Han transcurrido muchos años desde que la abuela huyó dejándolo todo. Nadie volvió desde aquel día. La casa conserva los mismos muebles, las mismas sombras, pero allí no quedó nadie, todos se fueron poco a poco tras ella.
Hasta el día de hoy, varios años después de su muerte, he regresado a buscar entre el polvo los recuerdos de una niñez olvidada, de mis años perdidos entre el silencio de quienes la acompañaron.
Con mucho cuidado abrí la puerta, deseando que nada cambiase con mi intromisión. Caminé por los corredores oscuros y observé lentamente las fotografías abandonadas. Era tan poco lo que podía distinguir tras los vidrios opacos, que las imágenes no lograron traer nada a mi memoria.
Un aire helado se coló por la puerta que había quedado abierta tras de mí. Sentí un escalofrío.
¡La turba arrastraba a mi abuelo, sangrante, sin vida!, mientras yo, temblando me escondía tras la poltrona marrón, su preferida. No podían verme, era apenas un niño pequeño.
-¡Entréguenme las monedas de plata de este maldito cabrón!- gritaba a diestra y siniestra el hombre que iba al frente. –Me pertenecen – vociferaba mientras pateaba con furia el cadáver frente a las mujeres que sollozaban asustadas.
Empecé a sudar copiosamente, mis ojos ya se han acostumbrado a la penumbra.
Por ahora, lo mejor será abrir las ventanas y dejar que las estancias abandonadas recuperen su luz, así, tal vez mañana, pueda comenzar a desentrañar el pasado.