En las Montañas de Jerusalén

Poesías sobre Jerusalén
En las Montañas de Jerusalén
Lea Goldberg

Arrojada estoy como una piedra sobre estas colinas,
entre amarillas hierbas, resecas y quemadas por el verano
pasivas, inanimadas.
El pálido cielo toca las penas.
¿De dónde viene esta mariposa de brillantes alas?
Una piedra entre piedras, yo no sé
cuánto envejecerán mis días
y quién todavía puede llegar,
y caminando me empuja, hacia abajo, por el declive de la ladera.

Quizá ésta es la belleza helada por siempre.
Quizá ésta es
la eternidad, moviéndose lentamente.
Quizá éste es
un sueño de muerte
y del único amor.

Arrojada estoy como una piedra sobre estas colinas,
entre espinas y cardos,
enfrentando el camino que se desliza hacia la ciudad.
Dejad que el viento, bendito sobre todo, venga
a acariciar la copa del pino
y las piedras mudas
otra eternidad.
Excepto el amor,
todas las cosas que son
vienen a mí, ahora:
este paisaje, y en él
la comprensión nacida de los años
que busca vivir
otro año, otro año,
otro siglo, o dos, o tres.

Para hacer crecer superfluas espinas,
para mecer piedras muertas,
como niños prontos a dormirse en su cuna.
Para silenciar recurrentes recuerdos,
y otros, y otros, y otros…

Ah, cuán grande es el deseo de vivir
de quienes se aproximan a la muerte.
Qué terrible el deseo
y cuán vacío,
de ser, ser
otro año, otro año,
otro siglo, o dos, o tres,
otra eternidad.

¿Cómo puede extraviarse un alegre pájaro
entre estas montañas?
En su garganta, un canto de amor;
su pequeño corazón se estremece con la alegría del amor,
todavía habrá pichones en su nido,
el vuelo de sus alas es un salmo de amor.

Y, repentinamente,
desde el azul del cielo,
frente a ella se revela
la extensión golpeada por la piedra.

Salvadla,
salvadla,
que sus ojos no vean
el cadáver de todos los amores,
la tumba de toda alegría.

En la cumbre
del azul,
en una solitaria tonada de amor
ella está suspendida
y no alcanza,
está distante
muerte.

¿Cómo puede un sólo pájaro
soportar todo el cielo
en débiles alas,
tendidas
sobre el desierto?
Inmensos y azules
descansan sobre sus alas
que resisten por la fortaleza de su salmo.

Así mi corazón lleva su amor
que fue inmenso y azul
y más alto que todas las cumbres,
por encima de la inmensidad,
y de las ruinas acumuladas
y de los abismos del sufrimiento.

Hasta que el salmo de mi corazón quedó silencioso,
y se alejó su fortaleza,
y como una piedra
cayó.

Mi golpeado, mudo amor:
¿cómo puede un sólo pájaro
soportar todo el cielo?
(Versión castellana de José Isaacson)