Añoranzas

Hubo un tiempo, existió, en que mis labios transitaban del boreal al austral, más los puntos intermedios en un cuerpo amado. Y aquella rosa de los vientos enfilaba ineludiblemente a un norte verdadero, geodesia precisa.
Nada estaba previsto -ni itinerario, ni fuerza de los vientos, ni desvíos- no importaba, todo tomaba un cauce placentero. Cada travesía atracaba en su destino, cada torrente abocaba en un estuario y cada deseo sucumbía ante una dársena. Así era entonces el amor. Eran labios mojados en sal, cuerpos tatuados de arena y certezas.
Nunca un naufragio, ni este eterno golpear del alma, contra el cantil del silencio;
como ahora.