Carta al mundo

Carta al mundo

ES INUTIL…

(“Es inútil dejar de quererte
ya no puedo vivir sin tu amor…”
M.D. Pradera)

En realidad hoy quería escribir sobre depravación, submundos,
vicios, torturas… que hicieran llegar al lector hasta la nausea y el
vómito.

Tenía la intención de relatar la triste historia de una drogadicta
que mutilaba a su hijo, de dos o tres meses, por una simple papelina.
Levantar ampollas, poner sobre el tapete del lector realidades
cotidianas.
También tenía la opción del adolescente acosado en el instituto y
que termina suicidándose por miedo a la vida.
O aquella otra noticia del número cincuenta y tres; aquella mujer
apuñalada por su pareja que… tiene el honor de portar un número
sobre su cuerpo.
Pero ante tanto asco, vomité, vomité, yo sola en el baño y una
vez vacía, pensé en ti que llenas todos mis rincones.

No podía más, lo confieso, el mundo que me rodea se ha vuelto rojo, y
yo sueño con azules: ¿dónde encontrar la sal y la espuma que rodea tu
boca?, ¿dónde…?

Traté de reestructurar el paisaje para encontrar la paz, para
equilibrar las energías que un mundo cruel y ruin me estaban
robando.

Busqué el “Concierto de Aranjuez” entre mis miles de músicas, lo puse
con una pegatina que llevaba tu nombre. Abrí mi cajón de “cosas
varias pero importantes” y prendí una barrita de incienso: “Jasmine”,
decía en la carátula de cartón; seguramente, unas manos hindúes,
pobres y necesitadas, lo habían fabricado para mí, para este
instante en que pienso en ti.

Porque te amo, aún no te lo he dicho, pero te amo con ese amor de
flores y viento; con esa ansiedad de arena que necesita huellas
para seguir viviendo; con esa hambre de voces que habitan mi piel y
mi garganta.

Demasiadas frases terminan en puntos suspensivos dentro de mi
paladar. Infinidad de palabras se agrieten en el aire olvidando su
destino de cometas. Un sin fin de poemas cuelgan en el vacío
buscando acomodo en una línea del paisaje.
Demasiadas mieles y vinagres dibujan círculos sobre mi cuerpo…

(“Yo que diera por no recordarte,
yo que diera por no ser de ti…”)
M.D. Pradera.

En este mismo momento, una flor, acaba de ser abatida por una ráfaga
de metralla.