Predicando en el desierto

¡Predicando en el desierto!

Hoy me he levantado turbulentamente insoportable
Y tengo que pagar el tributo durante todo el día de las cavilaciones de la vida.
Para re-salvar a los bancos se han reunido cientos de miles de millones
de euros, la FAO pidió doce mil millones para re-re-re-re-salvar el hambre en
el mundo- no lo consiguió, predicaron en el desierto-
Hace muchos años el espíritu aventurero corría por nuestras venas
Y éramos capaces de navegar en cáscaras de nuez -a la ventura-
Hoy navegamos en trasatlánticos y aviones a trochemoche y en pateras llenas de
de sufrimientos, sentencias y desventuras hacia el sacrificio.
Y hoy no soporto un desierto poblado y una población desierta
No soporto dejar cuestiones por preguntar, ni respuestas sin confesar,
las armas de destrucción masiva y de ningún tipo.
No soporto a los que sin querer me ofenden ni a los que a mis espaldas hablan
(Al fin ya saben que les contempla), -mi trasero-
y en nombre de la paz la petición de poder que perpetué la saciedad de algunos.
Que los que pueden no quieran y que los que quieren no puedan
No soporto a los muy buenos ni a los muy malos
a los peces gordos de oídos sordos
la intransigencia, un grito ahogado a la libertad, la muerte de mi padre, mi hermano, mis amigos, de Federico García Lorca, Miguel Hernández, Alfonsina Storni , Benedetti , la muerte del Pelele y que nadie le escriba al Coronel.
No soporto a la gente que defiende sus ideas a golpes, sobre todo a gentes que con solo paz responden, el hambre en el mundo, la terquedad y el rencor ,el protagonismo. A veces no soporto la crueldad inocente de los niños.
-¡No soporto que no me responda quien más quiero!-
y por no soportar, no soporto que le pongan puertas al campo.