Y por cierto..

Y por cierto, no amaneció la alondra
ni su figura cantando versos en el balcón fantasma.
No hubo cantos a los alucinados cuerpos
dejando espectros entre esmeraldas y trigo.

Tu nombre grita al corazón del ave,
y sin embargo, hoy te cuento,
murió el canto frente a mi ventana.