No hubo disfraz posible

Atrapé a las palabras con bozal.
Con siete clavos cerré los cajones de osadía.
Pinté con óxido las cadenas sumergidas en la sed donde descansa el ataúd de tantos sueños.
Puse la lengua en cal, lacre en los ojos.
Tiré la llave maestra del silencio.
Hice un torniquete con retazos de la infancia
para evitar que se derramaran las ternuras,
Agregué un nudo con la soga que guardé después del último naufragio.

Así probé vestirme el traje de indolente o quizá el de
insolente perdida por canales adonde escurre la historia
bajo mi piel.