En el revés de la nostalgia

Puedo tocar la espera
que se viste de eterna en la costura
de la sombra que nos une y nos separa,
con este nudo acobardado de silencio.

Donde las distancias se miden por el eco
y se rompen las noches entre manos
donde no existen valses ni violines.

Apoyo la espalda en el revés de la nostalgia,
bebo del cuenco de estas líneas que me acercan,
que no entienden de horizontes
y confluyen en la magia de mi alfabeto.

Me escondo,
vierto mi voz en toneles de vid
para añejar locuras juveniles
mientras muestras tus barajas con ingenio,
matando callado los murmullos
que agonizan en mis brazos invisibles.

Lucha dispareja por este devenir que sofoca,
y va gastando días
hambrientos de ternuras que queman,
que nos juzgan cobardes
por maniatar la puerta encadenada de caricias.